Deja que pase la tormenta.

   No dejes que una nube oscura y fea empañe tu felicidad interior. Sólo son pensamientos tontos que duran muy poco, pero que si les haces caso pueden estropear tus buenos momentos. Deja que esa nube fea se vaya deshaciendo con la lluvia que todo lo limpia.
   Respira, sonríe, escucha a tu corazón, recuerda a la gente bonita que te emociona con su presencia cercana aunque parezca que está lejos. Esa gente que tiene detalles tan bonitos, aunque para algunos parezcan tonterías. Es tan bonito que alguien te haga sonreír cuando lo necesitas, que se acuerde de ti cuando suene una canción. Que sepa cuáles son las que te gustan. Qué bonito que te miren con los ojos del corazón, que te vean como eres en tu interior, y en tu exterior. Y qué bonito también que tú lo veas a él de la misma manera.
   Todos tenemos momentos tontos en los que se nos cruzan los cables por un momento, pero eso no significa que sea el fin del mundo. Deja que pasen esos momentos en soledad, no hagas que alguien a quien amas lo pague. Ni tampoco te hagas daño a ti mismo. A veces las cosas en un rato malo se magnifican y parece que lo bueno de la vida nunca ha existido.
   No hay que precipitarse. Espera que escampe la tormenta para ver de nuevo el sol y oler el aire limpio que queda después.
   La magia existe porque tú y yo creemos en ella, y más aún, porque hacemos que ocurra. Me haces feliz sólo con existir. Porque eres, por eso te quiero tanto. Tan sencillo y tan fácil. Me gustaría tenerte cerca y mirarte a los ojos. Es lo que me queda.
Con libertad, respeto, magia, felicidad. Ni más, ni menos...

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