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Mostrando entradas de marzo, 2013

Pensamiento de mañana recién hecha.

Me gusta la luz que hay en las estaciones de tren cuando amanece y en las siguientes horas.
   Me gustaba más cómo eras antes. Has querido cambiar y te has pasado a la parte del revés del jersey. Donde las pelotillas. Querías cambiar, lo gritaste a los cuatro vientos. Ya estabas harto de las mismas personas tóxicas y los mismos patrones. Pero sólo cambiaste de escenario.
   Te echo de menos en las partes comunes del camino. Todo era más ligero cuando nos lo tomábamos a risa.
Soy fiel a mi yo interior. Hice mi metamorfosis, aunque reconozco que fue difícil pero mereció la pena.
   Lo que no echo de menos es mi esencia. A esa a la que le gustan las estaciones de tren por las mañanas...

Son tiempos extraños...

Son tiempos extraños. Muchos caminan por la vida cargados con sus lastres de rencor, ganas de competir con los demás por nada, queriendo cargar las espaldas del primero que vean con su mochila, en vez de arrojarla en la primera basura que encuentren.
   Otros, en cambio, deseando que la Luz ilumine el camino por fin, vamos desconcertados pensando qué ha podido ocurrir para que todo retroceda de esta manera.
   Es tan acusada la diferencia entre unos y otros, que hasta nos separa la buena o mala educación.
   Con eso me refiero a que algunos seres humanos han olvidado el respeto al otro, que ni más ni menos es como ellos. Hasta les parece normal, y hasta divertido colarse en el bus, en la cola del pan, el ambulatorio o el mercado. Y si en un momento dado una se queja, termina siendo la grosera.
   Lo dicho, tiempos extraños. De gentes con orejeras, sin ver alrededor, con el corazón envuelto en una tela gruesa e impermeable a otros corazones.
   Me llena de pena, pero no por ello v…

Dale al botón de pausa...

A veces, navegamos a través de la vida con demasiados nudos de velocidad. La respectiva entonces no es muy buena. La visión, poco clara.
   Todo está distorsionado. Incluso sentimos a los demás como rivales de una carrera sin sentido contra el tiempo, que debería ser nuestro aliado. Rivales inexistentes porque no nos paramos a ver cómo son realmente, lo que sienten, por qué razón están tristes, enfadados. Hasta entramos en su juego de poder, y nos introducimos en su energía personal y creemos que todo lo que hacen va en contra nuestra.
   Pero si le damos al botón de pausa tenemos de repente el mundo a nuestro alcance. Respiramos profundo y de repente vemos y sentimos todo con los ojos del corazón. El nuestro. Y somos un lugar seguro para nosotros y nuestros seres queridos. Que aumentan cada día más.
¿Quieres probar qué se siente?

Los mejores maestros.

Yendo a trabajar temprano esta mañana estaba leyendo un artículo de mi admirada Jennifer Hoffman. Entre otras cosas decía que a veces nuestros mejores maestros no son las maravillosas, compasivas, y dulces personas que aparecen en nuestras vidas en forma de pareja, amigos o familiares.
Nuestros mejores maestros llegan a ser las personas más viles, crueles, maleducadas, dictadoras, y todos los calificativos que se os ocurran. Y a veces incluso esas personas llegan a ser parte de nuestra familia, círculo de amistades o, lo que es peor, nuestra pareja.
¿Por qué ese planteamiento? Muy sencillo: aprendemos de esas personas a tener comportamientos contrarios, al sufrir en nuestras propias carnes el suyo. Aprendemos viendo en el exterior, en otra persona qué pasaría si nosotros fuéramos así.
Y también muy importante, plantearnos porqué son así. Seguro que no siempre se han comportado de esta manera. Muchas circunstancias les han llevado a colocarse semejante armadura con pinchos por dent…