Querer bien.

   Este soleado lunes me ha dado por reflexionar en la pausa del mediodía antes de la larga tarde de trabajo.
   Cuando amas a alguien de una manera incondicional, limpia, de corazón, quieres que esa persona esté lo más sana, feliz, y plena posible. Que se cuide la salud, la mente y el espíritu.
   Y por supuesto, hay que empezar siempre por uno mismo. Ya se acabaron hace mucho los viejos tiempos en los que había que "sacrificarse" por los demás, vaciarse y consumirse para estar al servicio de la humanidad. Creo que poco a poco nos estamos dando cuenta del gran error que significa eso.
   Primero, porque si uno (o una) es generosa, llena de amor dispuesta a repartir a los seres queridos a manos llenas, como yo, si no estamos llenos de energía, no hacemos nada. Es como pedirle a una lámpara vacía de aceite que ilumine. Es imposible. Además, si la persona a la que amamos nos ve o siente con tan poca energía, puede que hasta nos deje.
   En el lado contrario, si nosotros amamos a una persona, con la suerte de que nos corresponda, no vamos a consentir de ninguna manera que esa preciosa persona esté con las energías bajo mínimos, ni que sufra de más, ¿verdad?
   El mundo ya está bastante lleno de dramas, gente tóxica, cambios traumáticos, etc.
   Vamos a hacer magia tú y yo, mi amor, a cuidarnos a nosotros mismos, y el uno al otro. Te quiero mucho. Recuerda que eres un ser estupendo. Feliz vida.

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