Los mejores maestros.

   Yendo a trabajar temprano esta mañana estaba leyendo un artículo de mi admirada Jennifer Hoffman. Entre otras cosas decía que a veces nuestros mejores maestros no son las maravillosas, compasivas, y dulces personas que aparecen en nuestras vidas en forma de pareja, amigos o familiares.
Nuestros mejores maestros llegan a ser las personas más viles, crueles, maleducadas, dictadoras, y todos los calificativos que se os ocurran. Y a veces incluso esas personas llegan a ser parte de nuestra familia, círculo de amistades o, lo que es peor, nuestra pareja.
¿Por qué ese planteamiento? Muy sencillo: aprendemos de esas personas a tener comportamientos contrarios, al sufrir en nuestras propias carnes el suyo. Aprendemos viendo en el exterior, en otra persona qué pasaría si nosotros fuéramos así.
Y también muy importante, plantearnos porqué son así. Seguro que no siempre se han comportado de esta manera. Muchas circunstancias les han llevado a colocarse semejante armadura con pinchos por dentro y por fuera. Seguro que estar en su interior debe ser muy difícil.
   Con la manera que tengamos de reaccionar ante ese tipo de personas nos demostramos a nosotros mismos cuánto hemos aprendido en nuestro camino. Pienso que si creemos que debemos resignarnos y pensar que así es la vida, estamos fortaleciendo sus vibraciones. Estos son tiempos de cambio. Y el cambio comienza por nuestro interior. Si algo no nos resuena, o nos damos cuenta de que ya no funciona en nuestras vidas, y en el mundo en que vivimos, podemos y debemos cambiarlo.
   Nunca es tarde para transformar el mundo con un pequeño o gran gesto.
   Que las lecciones de estos maestros nos ayuden a cambiar el mundo para que sea un hogar lleno de Amor para todos.

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