Una sonrisa nueva cada día.

Esta fría mañana de otoño al abrir el cajón para elegir qué ponerme hoy, me he encontrado de bruces con mi sonrisa.
Algo triste, me ha recordado que hace tiempo que no la uso. Y ciertamente me he dado cuenta de que hace semanas que no sonrío. Yo, que tengo fama de ser tan alegre, muchas veces a pesar de las circunstancias.
La verdad es que con una sonrisa todo se ve diametralmente opuesto a cómo estés observando cualquier situación adversa. Y no lo digo por frivolidad. La mente a veces, cuando entra en terreno vedado a sus tareas tiene la habilidad de magníficar todo, para bien o para mal.
Pero una sonrisa es un catalizador magnífico aunque sólo parezca una simple mueca. Una sonrisa te recuerda que eres un ser extraordinario viviendo una existencia llena de sentimientos, encuentros y sensaciones.
Una sonrisa le recuerda al emisor y al receptor que las situaciones cambian con sólo añadirlas a las instrucciones sobre cómo actuar en cada una de ellas.
A veces el propio receptor es el emisor. A veces sonreírte a ti mismo cada mañana hace que el día se transforme completamente. Todo se despeja, como esta mañana hermosa de otoño madrileño llena de sol y con el aire limpio en la que se puede respirar más profundamente.
Feliz vida.

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