Un don del alma para siempre.

Vagón de metro. Hora de comer. Vuelta a casa. Un músico joven. Mirada desafiante a la mujer de enfrente, como un gallito joven de buen gallinero.
Con el ego por delante. Claro, aún es joven, habrá pisado pocos escenarios, y recorrido apenas unos kilómetros. Aún, el camino no le ha enseñado que la música no está pa'chulear.
Ser músico es un don. Un don que sale del alma y se comparte con quien te quiere escuchar.
Todavía no ha vivido suficientes "faenas" de algunos "compañeros" que se creen superiores, o que no se creen merecer su don, y por eso atacan a espolonazo limpio por la espalda. Aún no le ha dado tiempo de llegar al punto de tranquilidad que supone estar por encima de eso y sentir la serenidad que da la justa combinación de notas y silencios dentro de uno mismo.
   Pero eso es lo bonito del camino. El recorrido, sus vivencias, las personas que comparten tu camino.
Ciudades, países. Canciones, letras, notas, silencios, risas, lágrimas... Sueños.
   Feliz camino a todos, compañeros. Queridos músicos. Agradezcamos el don que poseemos. Compartámoslo entre nosotros y con los demás. Y no hagamos de esto un juego de egos.
   Y de vez en cuando guardemos un poquito para nosotros.


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