Con la inocencia de un niño.

Casi al principio de comenzar a escribir en mi blog, hablé de los niños, y ahora, que llevo toda la tarde y parte de la noche viendo películas en las que salen niños, también escribo sobre ellos.
   Me da una ternura infinita observar sus expresiones y reacciones acerca de todo lo que tienen alrededor. Su inocencia, su frescura, la limpieza de su mente. Es algo que no deberíamos perder, porque nos empaña los cristales de las gafas con las que vemos todo. Cuando hablo con ellos (mis sobrinos, los hijos de mis amigos...) me sorprenden cada día más con sus pensamientos, opiniones, e incluso soluciones a lo que a veces a nosotros nos parece un reto enoooorme.
   Por eso, observad a vuestros hijos, sobrinos, alumnos, a los niños que nos rodean cada día, imitadlos.
   Volved a la inocencia, a la frescura. Reíos por nada, o sorprendéos por cada cosa nueva o extraordinaria que veáis a vuestro alrededor.
   Abrazad al niño que alguna vez fuísteis, y dadle todo el amor y la compasión que os habéis negado alguna vez.
   Pedidle perdón, y caminad con él de la mano. Jugad con las nubes, el sol, la luna... Volad cometas, cantad en voz alta. Bailad. Reíd, sentid.
Buenas noches queridos niños. Un beso de mariposa...

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