Mi refugio.

Cuando uno toma vacaciones, aunque sean pocos días, o no te alejes mucho de tu lugar habitual, produce un efecto muy renovador. El sólo cambio de actividades cotidianas, y de espacio personal ayuda mucho a ver las cosas desde otra perspectiva. Y a veces, hace falta. Ya lo creo...
   Yo mido los años por cursos, es decir, de septiembre a junio-julio, y el mes de agosto siempre me sirve como el día fuera de tiempo que los Mayas tenían en su calendario, para repasar lo ocurrido. Y me funciona sobre todo si cambio de ciudad. Y si hay mar, mejor que mejor.
   Mallorca tiene todas esas buenas cualidades para mi. Y cada vez que vengo, me siento limpia, nueva. Lista para empezar de nuevo con más fuerzas si cabe.
   Esta noche estoy escribiendo en la terraza. Mirando al mar. La noche está oscura, porque la luna está entre nueva y creciente. La brisa trae olor de jazmines y damas de noche. No se oye apenas ruido, y hay una paz que acaricia el alma. Se produce la alquimia perfecta para sentirse profundamente tranquila. Y entonces, se produce el milagro. Porque cuando este escenario de paz te envuelve, te sientes completa y tu corazón se llena de calma. Y en ese momento tú también transmites al universo esa misma sensación. Y todo se envuelve de armonía. Espero haber transmitido todo lo que siento. Un abrazo a todos desde mi refugio. Y si en algún momento no podemos tomar vacaciones, guardemos un rato en el día ajetreado para estar en paz en un lugar que nos guste. Aunque sea cerrando los ojos y yendo al fondo de nuestro corazón. Buenas noches, y dulces sueños...

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