La Maga.

La Maga salió, como cada amanecida, sin más artificio ni artilugio mágico que su sonrisa, su andar decidido y la sensación de que todo estaría bien.
   Le gustaba su trabajo. Le gustaba la sensación de hacer un poquito más felices a los demás. Le gustaba la cara que se les quedaba cuando descubrían algo importante es sus vidas. Poco a poco les amanecía una sonrisa, no sólo en los labios, sino que subía lentamente hasta los ojos para iluminarles la mirada.
   A veces llegaba a casa agotada; no todo el mundo es igual, desde luego, y había algunos que absorbían sus energías, quizá creyendo que así se sentirían mejor, o que a lo mejor se convertirían en ella. Pero no. Cada uno de nosotros somos únicos, un tesoro por explorar. Seres hermosos que a veces no sabemos que llevamos la luz en nuestro interior.
   Todas estas cosas las había aprendido la Maga a base de vivir. La vida no le había sido fácil. Pero también tuvo, tiene y tendrá momentos bonitos. Ni más, ni menos. Tan simple, y a la vez tan mágico. Por eso no se sentía por encima de nadie. Pero tampoco por debajo. Simplemente era...
   Un día sintió una presencia que le acarició el alma. Tenía algo muy especial. Hablaba desde el corazón. Era un ser sensible, tierno, algo vulnerable... Todo eso y más supo cuando escuchó su voz día tras día.
   Lo bonito que tiene la vida es que es mágica aunque no nos percatemos de ello.
   Y él supo de ella, aunque no se habían visto nunca. La Maga se comunicó con él con sus sortilegios, que se unieron a los suyos. El hizo magia con su voz, y las palabras de la Maga cobraron un sentido muy especial a través de él.
   Se produjo tal magia, que se extendió por muchas comarcas. Pero claro, lo que es bueno y hermoso para muchos, puede molestar a algunas personas, por aquello de que vivimos en un mundo de dualidad.
   ... Y entonces la magia se rompió. Un día, sin saber cómo, aquel espíritu afín no quiso saber nada más de la Maga. Ella se puso muy triste, no importaba el motivo por el que él rompió el hilo de plata que los unía de corazón a corazón.
   Y lloró. Y su llanto se convirtió en lluvia que cayó del cielo sin nubes mansamente. Y al caer sobre ella, la bañó de pies a cabeza, y volvió a sonreír.
   Porque su corazón sabía que todo estaba bien, y que, tarde o temprano, el hilo de plata volvería a unir los corazones que se habían conocido en la distancia. Los de todos habitantes del mundo que llevaban el Amor en su alma. Y que nadie más dotado del manto de la envidia, la inseguridad y la oscuridad más densa, iba a apagar la Luz que ya se encendió cuando la Magia volvió a llenar la Tierra.

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