La dignidad de un caballero que se respeta a sí mismo

Iba sentado en el metro enfrente de mí, 2 filas de asientos más allá. Leía el periódico con las piernas cruzadas con una pose señorial y con un orgullo interno del que se sabe dueño de lo poco que posee: su propia vida, con las escasas posesiones encerradas en una bolsa que oculta discretamente bajo el asiento.
   Seguro que da unas cuantas vueltas de línea en línea para estar calentito durante el día, tal vez sólo en la mañana. Con lo que consiga por ahí, un cafetito caliente y algo de comer que le valga para todo el día.
   Sus pies aún tienen la suerte de ir resguardados en unos zapatos 1 ó 2 tallas más grandes que la suya.
   Los que vamos con él en el vagón, a lo mejor tenemos algunas posesiones materiales más, otras preocupaciones, más o menos tontas, pretensiones, champú para lavarnos la cabeza, siempre llena de pensamientos más o menos útiles...
   Pero en lo que sí nos supera a todos, este mi compañero de viaje de esta mañana, es en esa dignidad de caballero que se respeta y que no permitirá nunca que nada ni nadie le apee de la vida.

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