¡CAMPEONES DEL MUNDO!

La verdad es que en condiciones normales de mi vida, no soy muy aficionada al fútbol, pero tratándose del Campeonato del Mundo, he procurado no perderme ningún partido de nuestra selección. Tengo que reconocer que cuando se juega bonito y limpio, cuando se pasa de un espectáculo de masas donde los jugadores se conocen, sobre todo por su influencia mediática, a un deporte bonito con su verdadera condición de deporte, me gusta verlo y disfruto mucho.
Se ha dicho en los medios informativos de muchos países que nuestros chicos de "la Roja" son unos verdaderos deportistas de juego limpio y bonito, que se han ganado con creces el título de Campeones. Estoy de acuerdo totalmente con eso.
 El día de la celebración, en una conexión con la explanada del Rey en Príncipe Pío, Nacho Cano dijo: "Ya lo decían los Mayas, cuando un balón gira en el aire, se mueven muchas energías". Tiene toda la razón del mundo. Hace 2.500 años, durante la civilización Maya se celebraba el sagrado Juego de Pelotas. Se practicaba para conocer el designio de los dioses, aunque en esa época no proclamaban campeones, más bien al contrario, al que perdía se le decapitaba. Existían canchas para su práctica en Chichén Itzá, Uxmal, Chochicalco, Tula, El Tajín, etc.
El juego de pelota simboliza la lucha entre las fuerzas opuestas del universo; es la lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad. La pelota en constante movimiento representa al movimiento de los astros y las fuerzas de la creación.

   También hace 2.200 años vemos indicios del juego de pelota en China. Se llamaba ts’uh kúh, en él también se castigaba al que perdía (menos mal que hemos perdido esta costumbre, aparentemente...) De ahí deriva el mucho más elegante Kemari de Japón en el que príncipes y cortesanos golpeaban una pelota hecha de piel de cerdo o venado.

Me refiero al origen sagrado del fútbol, porque quiero que os déis cuenta de algo que observé durante la celebración del Mundial, y más cuando nuestros chicos se proclamaron Campeones del Mundo: la alegría por el triunfo transformó todo en energía positiva para todos o casi todos los españoles. Muchas personas declararon haberse dado cuenta de la unión de todos en la celebración, de la manera en que en ese momento cambiamos la forma de ver la bandera de nuestro país. Todos nos sentíamos orgullosos de ser españoles, independientemente de la provincia en que vivamos. Incluso mucha gente opinaba que ojalá nuestros políticos tuvieran esta forma de sentir de ahora en adelante. Y yo pienso que ojalá nos dure mucho tiempo esta maravillosa energía llena de alegrías y esperanza. Además, desde aquí, y ojalá ellos lleguen a leerlo algún día, felicito de todo corazón a Iker Casillas y Sara Carbonero por la defensa de su Amor, por haber trascendido a las críticas y malos comentarios que sobre ellos se han vertido, a Iker un ¡Olé! bien alto por su espontaneidad y verdad de corazón al haber besado a su novia delante de todo el mundo, para reivindicar algo que tendría que ser normal y corriente a estas alturas del siglo XXI,  el Amor. Ya está bien, digamos ¡basta ya! a todos aquellos que no hacen más que intentar destruir algo tan limpio y puro como el Amor. No sé sus motivos, ni me importan, lo que sí sé es que a mí también me ha ocurrido en ocasiones y soy y seré una ferviente defensora de la única y maravillosa energía que es capaz de mover al mundo: EL AMOR.
Os quiero a todos... Somos Campeones de la Vida.

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